Pase lo que pase en las tres últimas jornadas de LaLiga Hypermotion y en el hipotético mes de junio, la temporada 2025/26 ya tiene una huella imborrable en el Málaga CF y en su afición. Lo de este sábado fue mucho más que una victoria por 2-1 frente al Sporting y una remontada heroica, hay imágenes de lo ocurrido este fin de semana que van a vivir en la memoria mucho tiempo y que son un precedente muy ilusionante de lo que puede estar por venir.
Hay muchas cuestiones del partido ante los de Borja Jiménez que merecen un análisis, pero hay una en concreto que había que vivir. Contarlo y transmitir exactamente lo que ocurrió resulta hasta difícil en esa franja de 20 minutos. La Rosaleda fue el sábado una absoluta caldera, pese a tener que remontar, sufrir con la roja de Carlos Dotor y contener la respiración en más de una ocasión rival.
Una noche de las grandes
Con el gol de Chupe para poner el empate (1-1), cada saque de esquina tenía su celebración, cada recuperación, cada disparo... absolutamente todo. Con el tanto de Joaquín, fue difícil ver a una sola persona sentada en su asiento. A los del Sporting si acaso porque el malaguismo celebró de pie una victoria con la que había una conciencia clara: era algo más que tres puntos. Y con el pitido final de Sánchez López, la verdadera fiesta, la del equipo y su gente.
La felicidad era palpable en cada metro cuadrado del estadio, casi 28.000 personas en el estadio y todas las que tienen que vivirlo desde fuera de la ciudad con la emoción más sincera. Adrián Niño se paseaba por todo el césped con su disfraz de pez emulando a un boquerón. Chupe -20 goles- y Jauregi -el delantero con menos minutos- se abrazaban como si la competencia no fuera con ellos porque en realidad no va. Montero, perdiendo la titularidad con Eibar, saltando como el que más. Este grupo es algo especial como siempre repiten.
La afición, una sola voz
Aunque en los asientos no era menos. La gente bajó las escaleras cantando como si el balón siguiera rodando, como si los tres puntos aún estuviesen en juego y del malaguismo dependiese ganar. "Sí se puede" o "que sí, joder, que vamos a ascender" se convirtieron en la banda sonora de la salida, mientras la gente abandonaba sus asientos y se escuchaba en cada cimiento de La Rosaleda el convencimiento absoluto de que este Málaga CF 25/26 está escribiendo una de las páginas más bonitas de la historia. Como para no hacerlo.
Los bares de alrededores no fueron menos, dejando paso a que siguieran los cánticos. Tampoco los coches, en una perfecta sinfonía de celebraciones entre gritos, el claxon y mareas de personas que abrían sus ventanas para ondear las bufandas. Habrá quien diga que es anticipar la victoria, pero se trata de vivir con los ojos abiertos cada momento del presente. Lo que venga después será cosa del después.
Y no es algo de ahora cuando la clasificación pone al equipo en la cuarta plaza. En las vacaciones de navidad, el equipo metió a casi 9.000 aficionados en un entrenamiento a puerta abierta. Además, el estadio de Martiricos va camino de mejorar los números de asistencia del pasado curso, que ya cifraron un récord en los últimos minutos, quedan menos de 50 asientos libres para cada encuentro...
Uno más... por lo pronto
Al Málaga CF le va a quedar un partido más como mínimo delante de su afición en La Rosaleda. Será en la jornada 41 contra el Racing de Santander del exblanquiazul José Alberto López. Los de Funes podrían llegar con el play off de ascenso confirmado para entonces o con cualquiera de las posibilidades abiertas, pero lo cierto es que se antoja como un regalo antes de la hora de la verdad, por lo vivido y lo que está por vivir.
Podría poner LaLiga el partido un lunes a las 22.00 horas que Martiricos colgaría el 'no hay billetes'. No es La Rosaleda, es una ciudad la que camina unida en busca de un único sueño: volver a ser de Primera División y eso solo pasa por seguir manteniendo el corazón unido.