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La decadencia sin fin del Real Zaragoza: todo roto

Todo está roto en mil pedazos en torno a un Real Zaragoza al que no reconoce ni la madre que lo parió. La decrepitud alcanza velocidad de crucero y afecta a cada uno de los estamentos de un club decadente y anacrónico en el que las vacantes se cubren a través de anuncios en Linkedin mientras la desidia y la dejación de funciones derivan en un estado de descomposición que lo pudre todo y que se refleja a la perfección en un equipo tan indigno del fútbol profesional como el club al que representa.

La reestructuración ha de ser absoluta. De arriba a abajo. Desde las altas esferas que ocupan los despachos hasta una plantilla que ha de ir directamente a la basura, el lugar al que parece destinado aquel proyecto denominado Real Zaragoza 2027 presentado hace menos de año y medio por el director general Fernando López y que contenía una hoja de ruta compuesta por varias medidas destinadas a ejercer de «punto de inflexión» para servir «de impulso para acercarnos cada día más a nuestro objetivo: el ascenso».

Ese proceso de transformación, configurado sobre la fecha de finalización de la construcción de la nueva Romareda, se cimentaba en la creación de nuevas áreas en determinados ámbitos, entre ellos, los recursos humanos con la creación de nuevas áreas de trabajo «para fortalecer y profesionalizar la estructura del club, orientados a cubrir necesidades actuales y el crecimiento y futuro próximo de la organización». También se reforzaría las infraestructuras, por supuesto, con el nuevo estadio como elemento estrella, así como la remodelación de una Ciudad Deportiva pendiente de una reforma integral que nunca llega.

La tercera pata del proyecto se centraba en las áreas de negocio del club y, en cuarto y último lugar (quizá también en importancia) alcanza a un ámbito deportivo en el que, como es costumbre en López, se habla de ascenso a través de la «potenciación del motor principal del club, la cantera, y dotación de nuevas herramientas y plataformas que garanticen y mejoren la estabilidad, continuidad y productividad de nuestro primer equipo».

Pero aquella declaración de intenciones queda ahora sometida a la dictadura de un descenso ya virtual que sacará al Zaragoza del fútbol profesional y que obligará a una revisión total de ideas, proyectos y gastos previstos. La reducción del presupuesto será tan significativa como lo es ahora la ruptura total por la que se desangra un club a la deriva cuyo timón se ha dejado en manos del último en llegar, Lalo Arantegui, al que se han entregado las llaves de un club en el que nadie conoce a nadie. El 2027, señalado para alumbrar a un Real Zaragoza renacido, cumplirá esa función, solo que de una forma totalmente inversa a la inicialmente prevista.

Todo está roto en un Zaragoza sin nadie al volante en el que se actúa tarde y mal y solo cuando no queda más remedio, como quedó patente en los dos relevos en el banquillo durante el actual curso. Se esperó demasiado para, finalmente, elegir un sustituto lejos de una apuesta firme y decidida, con cara y ojos. De garantías. Todo es improvisación y desconcierto.

Y eso se traslada abajo, donde también el compromiso y la identidad escasean. Jugadores reticentes a jugar donde se les manda, lesiones tan extrañas como eternas, recuperaciones problemáticas para devolver una versión siempre mucho peor que la anterior y una desesperante fragilidad física y anímica han acabado por destrozarlo todo. Sobre todo, a una afición que hace demasiado tiempo que no reconoce lo que ve. Ni arriba ni, sobre todo, abajo, donde el Zaragoza muestra cada semana esas vergüenzas que le mandan de cabeza a Primera RFEF.

El vuelco ha de ser absoluto. La extraordinaria situación exige medidas drásticas, nuevas caras y, sobre todo, cabezas. No puede haber esperanza sin regeneración. Como no surgirá fe sin cambios. A todos los niveles. Los habrá, por fuerza, en una plantilla de la que apenas quedarán un par de efectivos más allá de los canteranos con contrato y en la que Lalo lleva trabajando desde que llegó. No tardará el director deportivo en anunciar cambios, novedades, salidas y llegadas. Fiel a su estilo, Arantegui, que admitió su deseo de seguir contando con David Navarro en caso de permanencia, tiene claro desde hace semanas que no será así. Ibai Gómez, apalabrado y a punto de firmar, es el elegido.

Fuente original: www.sport.es →