Esta Liga no se puede escapar
Probablemente resulte precipitado sacar conclusiones tan contundentes en la jornada 4, pero lo cierto es que las sensaciones de esta Liga invitan a pensar en el tercer título para el Barça. sweetbonanza.qpon
No solo por el pleno de puntos (12 de 12), que ni Real Madrid ni Atlético han logrado, sino sobre todo, por las sensaciones que está transmitiendo el equipo de Flick. El partido ante el Valencia fue un buen reflejo. Ni con 0-4 levantó el pie del acelerador el equipo.
Ningún jugador pensó en el partido de Champions del miércoles. Es cierto que jugar en Mestalla ya no es lo que era, porque este Valencia nada tiene que ver con el que merodeaba la zona alta, pero siempre fue un estadio termómetro para medir por dónde podían ir los tiros durante la temporada: conquistar Mestalla suponía una temporada relativamente exitosa.
Si se cumple nuevamente el axioma, esta será una temporada llena de alegrías para la parroquia blaugrana. Con solo cuatro jornadas disputadas, da la sensación de que al Barça no se le puede escapar este título: vendrán baches, lesiones, sanciones y malos momentos, pero pese a todo, el Barça ya ha sido capaz de aventajar en tres puntos al Real Madrid y en cinco al Atlético.
Ni siquiera ha llegado el parón de selecciones de septiembre y el Barça ya tiene cierto colchón. Más aún: mientras el Real Madrid pasó por Sevilla enfangado en disputas menores -los jugadores del Betis no se comportaron de manera honesta, según Mourinho- o en polémicas arbitrales -¿debió repetirse el penalti que falló Mbappé?-, el Barça pasó por Mestalla como un ciclón.
Por momentos, dio la sensación de que el equipo blaugrana podía firmar un resultado de escándalo. No lo hizo por muy poco, porque acumuló ocasiones como para hacerlo.
Que el Barça genere oportunidades de gol con tanta frecuencia no es algo nuevo: afortunadamente para el aficionado blaugrana, ver al Barça suele ser divertido.
También para el espectador neutral (si es que queda alguno en España), porque el equipo de Flick nunca especula, y eso es algo que nunca está de más agradecerle.
Si al fin y al cabo la gente se sienta ante la tele para disfrutar de un buen espectáculo, el Barça suele asegurarlo. Pero más allá de ese desbordante caudal ofensivo, hay otro factor que invita a pensar en una Liga claramente blaugrana: si se cumplen los pronósticos, este Barça será más fiable en campo propio, menos dado a que los partidos se descontrolen.
En ciertos momentos de la temporada pasada -o en aquella semifinal ante el Inter, tan dolorosa-, el equipo rival se crecía y ponía en apuros a un Barça que se hacía demasiado largo, que se volcaba tanto en ataque que descuidaba sus labores defensivas, que dejaba demasiado espacio entre la medular y los centrales, y también entre los centrales y su portero.
La llegada de Rodri servirá para evitar ese descontrol: ayer en Mestalla, en su primera titularidad como barcelonista, el madrileño demostró que su aportación en ese sentido puede ser clave. Ayuda entre centrales y sirve como muro de contención ante los contragolpes del rival.
Aporta serenidad en la salida de balón y dada su experiencia, sabe cuándo conviene dormir el partido y cuándo conviene agitarlo. Temple, equilibrio y pausa, quizá lo que más echó en falta el Barça el año pasado. Si además se acerca al área rival y roza el gol, como hizo ante el Valencia, mucho mejor.
Julián, ¡qué bueno que no viniste!
Es casi imposible mejorar las sensaciones del Barça de Flick en este inicio de temporada. El "no fichaje" de Julián Álvarez ha tenido, curiosamente, un efecto catártico y ha dado la clave del camino natural que debía seguir esta extraordinaria plantilla. Tantas teorías que hemos elaborado entre todos sobre quién debía ser el sustituto de Lewandowski, tantas horas de tertulias soñando con los fichajes imposibles de Haaland, Kane o el propio Julián, tantos artículos sobre la necesidad de tener una referencia arriba, y resulta que el tándem Flick-Deco, haciendo de la necesidad virtud una vez más, ha llegado a la sabia conclusión de que la única receta para sustituir el "gatillazo" de Julián era sencillamente no fichar a nadie, o al menos a nadie estructural, teniendo en cuenta que Gabriel Jesús, si es que juega de nueve, previsiblemente no pasará de ser un mero recurso.
De todas las decisiones que se han tomado en la era Laporta, quizás sea esta la más genuinamente cruyffista, porque conlleva que la solución del gol sea necesariamente coral. Nada se parece más al Barça de Cruyff anterior a Romário —el de las tres primeras ligas, que además conquistó una Champions— que este tercer Barça de Flick, que al igual que aquel juega sin ninguna referencia arriba, con cualquier jugador dispuesto a llegar a la posición de "9" desde atrás y sin necesidad de ocupar el espacio previamente.
Se dice estos días que no hacía falta un nueve porque el nueve es Raphinha, pero ni siquiera esto es exactamente cierto, puesto que Lamine también está haciendo de nueve, igual que Fermín, y quién sabe si terminará haciéndolo Gordon. La cuestión es que no hay nueve sencillamente porque todos son nueve, o pueden serlo, o simplemente pueden habilitar a sus compañeros para transformarse en delanteros. Por eso las estadísticas muestran un dato demoledor: tras cuatro jornadas de Liga, el Barça tiene a tres jugadores entre los cinco máximos goleadores del campeonato.
Y no es solo cuestión de números. Este arranque de la tercera temporada de Flick es, sin duda, donde hemos visto mayor dinamismo, generación de ocasiones y velocidad en el juego. Quitar un nueve puro como Lewandowski ha sido casi como quitar un tapón: el equipo está en un espectacular estado de gracia, a años luz de sus presuntos competidores, y enviando señales de que, esta vez sí, está a punto de dar el salto definitivo a la élite europea y optar de verdad a ganar la Champions.
Julián, nos sabe mal decirlo, pero... ¡qué bueno que no viniste!
Historia y futuro: la legión panameña que conquista la MLB

La representación de peloteros panameños en las Grandes Ligas de Béisbol consolida su presencia en la temporada 2026 mediante el protagonismo de figuras emergentes como Leonardo Bernal y José Caballero, quienes dan continuidad a una trayectoria histórica iniciada en 1955 y encumbrada por los miembros del Salón de la Fama Rod Carew y Mariano Rivera en los estadios de Estados Unidos a través de un sistema de formación que conecta el béisbol infantil local con el profesionalismo norteamericano.
De acuerdo con los registros oficiales de Major League Baseball (MLB), más de 80 jugadores nacidos en Panamá han actuado en el sistema de las Grandes Ligas desde la primera aparición del lanzador Humberto Robinson el 20 de abril de 1955 con los Bravos de Milwaukee.
En la actualidad, el flujo de peloteros istmeños en el primer equipo mantiene actividad regular a través de nombres como el receptor coclesano Leonardo Bernal, integrado a la nómina de los Cardenales de San Luis junto a su compatriota Iván Herrera.
Asimismo, el infielder (campocorto) José Caballero, oriundo de la provincia de Los Santos, se ha establecido como un jugador defensivo y corredor de bases en la alineación de los Yankees de Nueva York, luego de liderar departamentos de bases robadas en sus campañas previas con los Rayos de Tampa Bay, consolidando la presencia de la representación centroamericana en la Liga Americana y la Liga Nacional.
El antecedente de esta generación se fundamenta en la trayectoria de dos peloteros exaltados al Salón de la Fama en Cooperstown, Nueva York.
Por un lado, Rod Carew acumuló 19 temporadas entre 1967 y 1985 con los Mellizos de Minnesota y los Ángeles de California, registrando 3,053 imparables, un promedio de bateo de .328, siete títulos de bateo y el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1977, acumulando un valor de victorias sobre el reemplazo (en inglés WAR: Wins Above Replacement) de 81.2, la cifra más alta registrada por un panameño en la historia de la liga.
Por otro lado, Mariano Rivera actuó durante 19 campañas con los Yankees de Nueva York entre 1995 y 2013, finalizando como el líder histórico de todos los tiempos en juegos salvados con 652 rescates y una efectividad de 2.21 en la fase regular, además de ostentar cinco anillos de Serie Mundial y convertirse en 2019 en el único jugador electo de manera unánime con el 100% de los votos por la Asociación de Escritores de Béisbol de América.
A pesar de que no ser de los peloteros panameños inmortalizados en Cooperstown, las estadísticas oficiales ubican al jardinero coclesano Carlos Lee como el bateador panameño con mayor producción de fuerza en Las Mayores, al acumular 358 cuadrangulares y 1,363 carreras impulsadas a lo largo de 14 temporadas.
Otro jugador excepcional, el también jardinero Roberto Kelly que disputó 14 temporadas en las Grandes Ligas entre 1987 y 2000, periodo en el que acumuló 1,390 imparables y fue seleccionado en dos ocasiones al Juego de Estrellas. Tras su retiro como jugador, el pelotero panameño extendió su impacto en el béisbol profesional al conquistar tres anillos de Serie Mundial como técnico de los Gigantes de San Francisco en 2010, 2012 y 2014.
El historial se complementa con la labor del receptor colonense Manny Sanguillén, dos veces ganador de la Serie Mundial con los Piratas de Pittsburgh; el jardinero Ben Oglivie también de la costa atlántica, primer panameño en encabezar la Liga Americana en jonrones al conectar 41 en 1980; y el patrullero Omar Moreno, poseedor de la marca nacional en bases robadas en Grandes Ligas con 487 hazañas.
El origen del desarrollo técnico de la mayoría de los peloteros canaleros radica en las estructuras de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas en Williamsport, Pensilvania, un torneo infantil que funciona como la primera plataforma de observación para organizaciones de Estados Unidos.
Un caso documentado es el del receptor Christian Bethancourt, quien compitió con la novena de Curundú en la edición de Williamsport 2004 antes de completar más de diez campañas en el béisbol organizado. De igual manera, infielders como Rubén Tejada, Edmundo Sosa, Johan Camargo y Jonathan Araúz cumplieron el ciclo desde los torneos infantiles locales hasta el debut en Las Mayores, validando la eficacia competitiva de las ligas de formación en el territorio panameño.
En cuanto a las proyecciones a futuro, la continuidad del talento panameño en las filiales de Ligas Menores descansa en el Campeonato Nacional de Béisbol Juvenil y el Campeonato Mayor, administrados por la Federación Panameña de Béisbol (Fedebeis), así como en la Liga Profesional de Béisbol de Panamá (Probeis).
El monitoreo de los cazatalentos internacionales se refleja en la firma de prospectos durante el periodo internacional de contrataciones de la MLB, donde jóvenes de provincias como Coclé, Panamá Metro, Chiriquí, Los Santos y Veraguas firman acuerdos de liga menor. Las inversiones de las franquicias de Grandes Ligas en academias y el seguimiento en los torneos locales aseguran que la cantera nacional mantenga un flujo constante de peloteros dentro del sistema profesional norteamericano.
